Ceuta: padres y docentes desafían el inicio de clases por temor a la violencia
Una semana antes del arranque oficial del curso escolar, miles de familias en Ceuta evalúan no enviar a sus hijos a clase. La crisis migratoria de finales de julio, cuando cientos de personas entraron desde Marruecos, dejó una estela de miedo e incertidumbre que hoy condiciona la vuelta a las aulas. Padres, madres y profesores exigen respuestas concretas sobre seguridad, limpieza y apoyo psicológico, mientras el Gobierno anuncia un plan de choque de 309 millones de euros.
¿Por qué los padres no quieren enviar a sus hijos al colegio en Ceuta?
Yolanda, madre de dos mellizas de 10 años, es clara: “No creo que sea normal que mis hijas y otros niños tengan que ir al colegio escoltados por policías, militares y guardias civiles”. Su hija menor sufre ataques de ansiedad cada vez que sale a la calle. “Tiene pánico a salir”, confiesa. La familia ha decidido no llevar a las niñas al colegio Mare Nostrum, pese a que ese centro no fue uno de los afectados directamente por la entrada masiva.
Nuria, otra madre, ha tomado una decisión distinta para cada hijo. Su hija mayor, que cursa segundo de Bachillerato, asistirá a clase porque necesita preparar la prueba de acceso a la universidad. Su hijo de 15 años, en cambio, permanecerá unos días más con sus tíos en Santander. “Por su seguridad y nuestra tranquilidad, hemos decidido que se quede allí”, explica. La familia calcula que el adolescente podrá regresar alrededor del 15 de septiembre.
¿Qué medidas de seguridad y apoyo ha anunciado el Gobierno?
El Ministerio de Educación mantiene el calendario oficial para Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato. El Gobierno ha respondido con un plan de choque que movilizará 309 millones de euros entre septiembre y diciembre de 2026. De esa cifra, 3,2 millones se destinarán a reforzar la seguridad en los centros educativos y a ofrecer acompañamiento psicosocial a alumnos, familias y profesores.
Además, se ha anunciado una mayor presencia policial en los accesos a los colegios y en el transporte escolar, así como un programa específico para ayudar a la comunidad educativa a gestionar el estrés acumulado durante las últimas semanas. Sin embargo, a una semana del inicio de las clases, varios docentes aseguran que todavía desconocen cómo se concretarán estas medidas sobre el terreno.
La incertidumbre ya altera el calendario escolar en Ceuta
Las escuelas infantiles municipales Nuestra Señora de África y Juan Carlos I, que atienden a niños de cero a tres años, no abrirán al menos hasta el 28 de septiembre. En el primer centro se están ultimando tareas de limpieza, colocación de mobiliario y preparativos para su puesta en funcionamiento. El segundo permanece pendiente de los últimos trámites administrativos relacionados con la adjudicación del servicio.
La Consejería de Educación de Ceuta asegura que trabaja para que ambas escuelas abran “con todas las garantías de seguridad, calidad y normalidad”. Pero ese mensaje no tranquiliza a Yolanda, que insiste: “No nos vale estar seguros solamente a la hora de entrar y salir del colegio”. Actualmente en paro tras 25 años como autónoma, puede quedarse con sus hijas. Es consciente de que muchas familias no tienen esa opción: “Hay padres que tampoco están de acuerdo con el inicio del curso, pero trabajan los dos y no tienen dónde dejar a los niños. No les queda más remedio”.
Profesores advierten de un posible “vacío” en la formación
David Arbona, profesor de Bachillerato y ciclos formativos en la Escuela de Arte de Ceuta, anima a sus alumnos a acudir a clase. Considera que regresar puede ayudarles a salir del “estado de estrés, malestar y angustia” vivido durante el último mes. Aun así, comprende la decisión de los padres y duda de que el curso pueda comenzar con normalidad.
“La sensación en el centro era de tristeza”, describe. Arbona cuestiona que todos los trayectos, recreos y alrededores de los colegios puedan permanecer vigilados. La preocupación es especialmente intensa entre quienes deben desplazarse desde barrios periféricos en transporte público. “Pienso en todos esos chicos de 15, 16 o 17 años que esperan el autobús a las siete y media de la mañana. Si fuera mi hijo, tampoco lo mandaría al colegio”, añade Nuria.
El profesor anticipa un elevado número de ausencias: “Este curso va a provocar un vacío. Ojalá me equivoque, pero puede ser un cataclismo en la formación porque hay mucho miedo”. El impacto será especialmente delicado en Bachillerato, donde la incorporación escalonada podría dificultar el avance de los temarios y la preparación de quienes deben enfrentarse a la prueba de acceso a la universidad. Arbona teme, además, que el desgaste psicológico derive en bajas de profesores y retrasos para cubrir las sustituciones.
“Yo voy a poner todo el alma en enseñar y animo a mis alumnos a venir”, insiste. Pero rechaza hablar de normalidad: “Hemos empezado septiembre y todavía no tenemos casi nada claro”. Mientras el Ministerio mantiene el calendario y promete todos los recursos necesarios, familias como las de Yolanda y Nuria han optado por aplicar su propia medida de seguridad: dejar vacíos, al menos durante los primeros días, los pupitres de sus hijos.
Preguntas frecuentes sobre el inicio del curso en Ceuta
¿Cuándo empiezan las clases en Ceuta?
El Ministerio de Educación mantiene el inicio del curso para el alumnado de Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato en la fecha oficialmente prevista. Sin embargo, las escuelas infantiles municipales Nuestra Señora de África y Juan Carlos I no abrirán al menos hasta el 28 de septiembre.
¿Qué apoyo psicológico recibirán los alumnos y sus familias?
El plan de choque del Gobierno incluye 3,2 millones de euros para reforzar la seguridad de los centros educativos y ofrecer acompañamiento psicosocial a alumnos, familias y profesores. También se ha anunciado un programa para ayudar a la comunidad educativa a afrontar las situaciones de estrés vividas durante las últimas semanas.
¿Qué consecuencias puede tener la ausencia de alumnos en el curso escolar?
Profesores como David Arbona advierten de un posible “vacío” en la formación, especialmente en Bachillerato, donde la incorporación escalonada podría dificultar el avance de los temarios y la preparación de la prueba de acceso a la universidad. También existe el riesgo de bajas de docentes por desgaste psicológico.