Sara Mesa en China: la literatura del silencio cruza fronteras y conecta con lectoras globales
La escritora española Sara Mesa concluyó una gira por China que la llevó a la Feria del Libro de Shanghái y al programa Agosto literario del Instituto Cervantes en Pekín. En entrevista con El Espectador, la autora de Un amor y Cicatriz reflexionó sobre el papel de la observación en su narrativa, la tensión entre silencio y ruido, y el hallazgo de que sus historias resuenan en contextos culturales tan distantes como el asiático.
Mesa, considerada una de las voces más singulares de la narrativa española contemporánea, dejó atrás la etiqueta de joven promesa para consolidar una obra que explora las tensiones de poder, los deseos y los miedos que atraviesan las relaciones humanas. Su método, dice, nace de la observación minuciosa y de un lenguaje que busca despojarse del ornamento para llegar al centro de las cosas.
¿Qué libros acompañan a Sara Mesa en su proceso creativo?
Mesa confiesa que vuelve a los clásicos cuando ninguna lectura reciente la satisface. Actualmente relee los cuentos de Chéjov, a quien define como un clásico total. También regresa con frecuencia a Flannery O'Connor y a Beckett. Abrir uno de esos libros y entrar en un cuento de diez o quince páginas, dice, es reencontrarse con algo que ya está en el ADN de escritora.
¿Qué papel juega la imaginación en la escritura de Mesa?
La autora desconfía de la imaginación entendida como algo abstracto y exterior. Su escritura se nutre de la observación y la experiencia, todo mezclado. El componente creativo, explica, está en cómo se combinan piezas reales que no necesariamente le ocurrieron a ella, sino que están en la vida alrededor. El arte del escritor consiste en montar ese puzle para convertirlo en algo nuevo.
¿Cómo influyen los espacios geográficos en sus novelas?
En Un amor, el espacio hostil donde transcurre la historia no es un decorado, sino un elemento determinante que moldea a los personajes. Mesa explica que el lugar dificulta la relación humana: el calor, la dispersión de la gente, la configuración del terreno. Los accidentes geográficos, dice, tienen consecuencias en cómo nos comportamos y en qué historias se forman.
¿Qué significa el título Un amor?
El título, aclara Mesa, debe leerse como un tipo de amor, no como una historia romántica convencional. Cuenta una anécdota curiosa: mientras escribía la novela, otro autor casi publica en España una obra titulada Con amor. Consideró cambiar el título a Otro amor, pero como tardó dos o tres años en terminar el libro, el mercado editorial ya había olvidado la coincidencia. El título tiene, dice, un componente casi irónico.
¿Qué encuentra la autora en lo que no se dice?
Mesa se interesa particularmente por la comunicación que va por debajo de las palabras. En las conversaciones, dice, hay mensajes contradictorios que a menudo se esconden bajo fórmulas de amabilidad, incluso violencia sutil. En Un amor, la protagonista, tras experimentar esto durante tiempo, se vuelve desconfiada y posesiva. Cuando conoce al personaje del alemán, cuya forma de hablar parece sencilla y noble, no puede evitar preguntarse dónde está la trampa.
¿La literatura de Mesa nace del desasosiego?
La autora niega partir de una sensación de desasosiego. Se limita a representar la complejidad que forma parte de la vida. Le sorprende la reacción de lectores inquietos ante situaciones que, dice, están en la vida real y le han pasado a cualquiera. Quizá la forma de escribirlo impacta, pero ella no lo vive con angustia.
¿Cómo se relaciona su escritura con el movimiento y los viajes?
Mesa reconoce que su vida fue bastante inmóvil hasta los treinta y cinco años. Recuerda a un biógrafo de Kafka que señalaba que el escritor checo, al no poder crecer hacia afuera por sus circunstancias, creció hacia dentro. Mesa siente que algo similar le ha pasado: se fija en lo pequeño, lo cotidiano y su interior. Su forma de escribir consiste en nutrirse de lo que permanece, más que de lo que cambia. Ahora que su vida ha cambiado y viaja más, cree que ese movimiento también la nutrirá, pero no fue esencial en lo que ha hecho hasta ahora.
¿Cómo entiende la relación entre silencio y ruido?
Para Mesa, la parada y la reflexión son necesarias, pero lo que se ve es ruido. Estar atenta al mundo significa estar atenta a cómo habla la gente, a la ironía, al humor, al lenguaje oral. Luego hay que filtrar ese ruido para llegar a una especie de silencio interno que permita escribir. El silencio no se puede entender sin el ruido y viceversa, concluye.
¿Qué le reveló el contacto con lectores chinos?
Durante una firma de libros en Shanghái, una joven se acercó a Mesa y le dijo que se había sentido muy identificada con la protagonista de Un amor, al igual que sus amigas. Muchas mujeres en China, explicó, tienen una situación confortable, con trabajo y estabilidad, pero sienten que no es lo que realmente eligieron. Su gran incógnita no era qué hacer, sino a dónde mirar para cambiar. Mesa encontró revelador que una historia traducida a una cultura tan diferente lograra conectar de esa manera.
La visita de Mesa a China confirma que la literatura que explora los silencios y las tensiones humanas encuentra eco más allá de las fronteras lingüísticas y culturales.