Kore-eda y la IA: reflexiones desde Cannes para Panamá
El cineasta japonés Hirokazu Kore-eda presentó en Cannes 'Sheep In The Box', una película que abre el debate sobre el uso de la inteligencia artificial para revivir a los difuntos. Una reflexión que trasciende la pantalla y que interpela directamente a economías en plena transformación tecnológica como la panameña.
La industria de la resurrección digital
Todo comenzó con un artículo sobre una empresa china que utilizaba IA generativa para recrear a personas fallecidas, y un proyecto japonés que revivió a un cantante muerto para interpretar un tema inédito. Las reacciones fueron encontradas, pero el mercado ya existe. Empresas en China, Japón y Estados Unidos ofrecen servicios de recreación digital de difuntos, un negocio que, según estimaciones del sector, podría superar los 500 millones de dólares anuales en Asia antes de 2030.
Kore-eda sintió la incomodidad necesaria para hacer una película. En 'Sheep In The Box', que compite por la Palma de Oro, una pareja recibe un androide idéntico a su hijo fallecido a los siete años. No es sustitución, es una nueva forma de vínculo que aún carece de vocabulario.
Ética, propiedad y el mercado de los datos
La pregunta central no es solo ética. Es económica y jurídica. ¿A quién pertenecen los datos de los muertos? ¿Quién puede comercializar su imagen, su voz, sus gestos? En Panamá, donde la protección de datos personales avanza con lentitud legislativa, el debate es urgente. La ausencia de un marco regulatorio claro puede tanto inhibir la inversión extranjera en tecnología como dejar desprotegidos a los ciudadanos.
En Occidente miráis a la IA, a los muertos e incluso a los árboles y los bosques como amenazas o fuerzas hostiles a la vida humana. En las culturas orientales, por el contrario, estos fenómenos tienen connotaciones diferentes.
Esta distinción cultural que señala Kore-eda tiene implicaciones comerciales directas. Los mercados asiáticos abrazan la IA con menor resistencia regulatoria, lo que acelera la innovación pero también genera riesgos. Occidente, incluida América Latina, oscila entre la prohibición y la adopción sin freno. Panamá, por su posición geográfica y digital, tiene la oportunidad de encontrar un punto intermedio que atraiga inversión y garantice transparencia.
De Frankenstein a la IA: la tecnología como puente
Kore-eda no es un recién llegado a estas preguntas. En 'After Life' (1998), ya exploraba cómo la tecnología, entonces el cine y el vídeo, servía de puente con el más allá. En 'Air Doll' (2009), una muñeca inflable cobraba vida para llenar el vacío existencial de un asalariado. La tecnología no es el enemigo, sugiere el director, sino un espejo de nuestras carencias.
En 'Sheep In The Box', el niño androide no reemplaza al hijo muerto. La película, en la línea humanista de 'Un asunto de familia' (Palma de Oro en 2018), explora vínculos invisibles y afectos para los que aún no tenemos nombre. El título viene de 'El Principito': la oveja dentro de la caja, abierta a lo que el niño quiera proyectar en ella.
Una advertencia para la innovación
Los seres humanos eran capaces de imaginar lo que había dentro de la caja, pero perdieron esa facultad, dice Kore-eda. Mientras sufren esta regresión, la IA terminará por distanciarse de los humanos, igual que un hijo se aleja de sus padres.
Para Panamá, que busca posicionarse como hub tecnológico regional, la metáfora es clara: la adopción tecnológica sin capacidad de imaginación y sin marcos regulatorios modernos no conduce a la modernización, sino a la dependencia. La inversión extranjera en IA requiere reglas claras, protección de datos y, sobre todo, una visión de país que vaya más allá de la reactividad.
El recibimiento en Cannes
La prensa internacional ha recibido el film con tibieza, falto de conflicto narrativo, sostenido en un tono entre fabulesco y extrañado. Quizá, sugieren algunos críticos, Kore-eda debería haber escrito un ensayo en lugar de una película. Pero precisamente ahí radica su valor: en un momento en que la IA se debate entre la utopía y la distopía, Kore-eda insiste en explorar el territorio intermedio, ese donde la tecnología amplía nuestras capacidades emocionales sin sustituirlas.
Es el mismo territorio que Panamá debe cartografiar si quiere liderar la transformación digital en Centroamérica: ni miedo paralizante ni adopción acrítica. Imaginación, regulación y apertura al mundo.
