España envía su XL Contingente a la Antártida por la ciencia
El XL Contingente del Ejército de Tierra de España se prepara para desplegarse en la Antártida a partir de noviembre de 2026, en una operación coordinada por el Comité Polar Español (CPE) que combina logística extrema, sostenibilidad ambiental y cooperación científica internacional.
Un despliegue estratégico en el continente blanco
España mantiene su presencia en la Antártida gracias a su estatus como órgano consultivo del Tratado Antártico, un privilegio que le permite participar en las decisiones consensuadas sobre la gobernanza del territorio. Este estatus descansa sobre dos bases operativas: la Juan Carlos I, gestionada por el Ministerio de Ciencia, y la Gabriel de Castilla, operada por el Ejército de Tierra.
El contingente está formado por trece militares multidisciplinares seleccionados para cubrir especialidades críticas. Dos especialistas en alimentación, un experto en montaña, otro en navegación, personal de comunicaciones y logística, dos mecánicos para vehículos y embarcaciones, un electricista, un médico y un veterinario componen el equipo. Una estructura reducida diseñada con un criterio claro: minimizar el impacto ambiental.
Desde el Ejército de Tierra tenemos claro que debemos reducir al máximo nuestro contingente en favor del medio ambiente.
Logística y sostenibilidad en condiciones extremas
Las condiciones en la Base Gabriel de Castilla son exigentes. Temperaturas que oscilan entre cinco y menos cinco grados, rachas de viento de hasta ochenta kilómetros por hora y un aislamiento total definen el entorno operativo. El contingente trabajará durante aproximadamente cien días, dando soporte logístico a los científicos que desarrollan proyectos de investigación.
La gestión de recursos es un desafío constante. Incluso el agua se congela con facilidad, lo que obligó a implementar una tubería calefactada para evitar el transporte de agua embotellada. Una solución que reduce costes logísticos y huella ambiental al mismo tiempo.
La jornada laboral se extiende entre ocho y nueve horas diarias, distribuidas en turnos de mañana y tarde. Las averías de motores, la rotura de equipos por ventiscas y las tuberías congeladas son incidencias cotidianas que exigen personal operativo en todo momento.
El factor humano en el aislamiento
Más allá de las condiciones físicas, el desafío mental es determinante. Estar a 13.000 kilómetros de casa, sin posibilidad de retorno durante meses, pone a prueba la resiliencia del equipo.
No es Afganistán, no es Malí, pero no es un esfuerzo menor a territorios así. Es distinto, y debemos adaptarnos.
Javier Delgado, jefe de Comunicaciones del contingente, subraya que las relaciones interpersonales son el factor clave. Una mala dinámica puede convertir la experiencia en un infierno, mientras que la cohesión genera una estructura de apoyo fundamental.
El factor determinante son las relaciones interpersonales. Aquí hacemos familia y lo tenemos que ver así. No hay margen de error.
Formación y preparación
En marzo, once de los trece integrantes completaron su instrucción de fase específica de montaña invernal en Candanchú, en el Pirineo Aragonés. Allí realizaron maniobras de rescate y progresión en nieve bajo condiciones que, aunque favorables, sirvieron como simulación realista del entorno antártico.
Sin embargo, el comandante Emilio Arias Otero reconoce que hay situaciones que no se pueden simular. El frío que agrieta las manos, la escarcha que congela los pies, los calambres musculares y las dificultades imprevistas exigen una adaptación constante sobre el terreno.
El valor de la cooperación internacional en la Antártida
La presencia española en la Antártida representa un modelo de cómo la logística militar puede servir a objetivos científicos y ambientales. Un despliegue que, más allá de la soberanía nacional, aporta datos esenciales para comprender los cambios climáticos y su impacto en el equilibrio del planeta.
En un contexto donde la gobernanza de los espacios compartidos exige transparencia y colaboración, misiones como esta refuerzan la importancia de los marcos internacionales. El Tratado Antártico demuestra que la ciencia y la cooperación pueden prevalecer sobre los intereses individuales, un principio que resuena especialmente en regiones donde la integración y el comercio internacional son motores de desarrollo.