Alejandro Velasco Fariñas, conocido en los escenarios como Magic Jano, convirtió el final forzado de su carrera como futbolista profesional en el comienzo de una segunda profesión como ilusionista, según contó en una entrevista con MARCA publicada el 17 de octubre de 2026. Una lesión de rodilla, tres cirugías en seis meses y una recaída en su regreso a los entrenamientos lo obligaron a retirarse del deporte que había practicado durante casi una década en España y Austria.
Su historia es un caso de manual sobre reconversión profesional: un deportista de élite que pierde su fuente de ingresos de forma repentina y que, con ahorros como colchón, ensaya un nuevo oficio hasta que este se vuelve sostenible. Para un país como Panamá, cuya economía vive del comercio, los servicios y la capacidad de reinventarse ante cada crisis, el relato tiene más de una lección aplicable.
De la Copa de Austria a los restaurantes de Madrid
Magic Jano jugó en Primera División y llegó a marcar un gol en una final de la Copa de Austria, pero su carrera terminó de golpe. Se lesionó en agosto, en el primer partido de Liga, y decidió operarse cuantas veces hiciera falta para volver a jugar. Después de la tercera intervención volvió a entrenar con su equipo, recaí y pasó ocho o nueve meses que él mismo describe como los más duros de su vida.
«Fue un momento muy duro. Seguramente fue el más duro de mi vida», dijo a MARCA. Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid y con negocios en el sector de la restauración, no se plantó la magia como salida profesional hasta que una conversación casual lo cambió todo. Durante el traspaso de uno de sus restaurantes conoció a un empresario con varios locales en Madrid que organizaba espectáculos en uno de ellos.
«Hablando con él de la vida, salió el tema de la magia y me propuso ir a actuar a ese restaurante los lunes y también pinchar música, porque también soy DJ. Y ahí empecé», recordó.
Cuándo entendió que podía vivir de la magia
El primer año combinó actuaciones puntuales con sus ahorros. La transición completa fue lenta: necesitó tres años y medio dedicado al ilusionismo para darse cuenta de que podía vivir de él.
«Después de llevar tres años y medio dedicándome a la magia, hace aproximadamente un año y medio o dos me di cuenta de que podía vivir de ello», explicó. «Como la bola de nieve no ha dejado de crecer y cada vez surgen más oportunidades y proyectos diferentes, estoy encantado.»
Esa progresión gradual, apoyada en contactos, en publicar contenido en Instagram y en un colchón financiero inicial, es exactamente el tipo de ruta que cualquier emprendedor reconoce: primero validar el producto en pequeño, luego escalar cuando la demanda lo permite.
Disciplina de deportista, creatividad de mago
Magic Jano no atribuye su éxito al talento bruto sino a hábitos trasladados del fútbol al escenario. «Ambas requieren creatividad y disciplina», afirmó. En la magia ya tiene la base técnica, pero trabaja cada día: la habilidad manual, la parte física o nuevas ideas para sus montajes.
«Sobre todo, creo que la disciplina es lo que más me ha acompañado en ambas etapas», dijo.
Su trayectoria televisiva creció rápido. Actuó en America's Got Talent ante Simon Cowell, Sofía Vergara y Heidi Klum, y alcanzó las semifinales de Got Talent España en 2024. Contó a MARCA que cuando recibió el primer mensaje de la producción estadounidense por Instagram lo ignoró porque parecía una broma; solo contestó cuando llegó por correo electrónico. Los productores lo buscaron cuatro años seguidos: rechazó las tres primeras invitaciones porque seguía jugando al fútbol, y aceptó la cuarta justo cuando la lesión cerró esa etapa.
La magia como herramienta para empresas
Más allá del escenario, Magic Jano ha diversificado sus ingresos con colaboraciones con marcas, presentación de eventos y experiencias de entretenimiento corporativo. Su enfoque comercial es directo y revelador de hacia dónde se mueve el sector.
«Cuando me llaman empresas o gente para eventos privados, lo vendo como una experiencia. Lo primero que pregunto es qué quieren conseguir y, en base a eso, intento utilizar la magia para solucionar esas necesidades», explicó. La magia funciona como rompehielos en eventos de networking y team building: cuando el ilusionista se retira, los asistentes que no se conocían ya tienen un tema de conversación.
Esa visión, la de un servicio que se vende por el resultado que genera y no por el truco en sí, encaja con la evolución de la economía de experiencias que también impulsa sectores como el turismo de reuniones, clave para la economía panameña.
Qué ofrece la magia en vivo que la inteligencia artificial no puede
En pleno debate sobre qué trabajos sobrevivirán a la automatización, Magic Jano defiende que el ilusionismo en directo tiene un blindaje natural: la presencia física.
«Lo bueno que tiene la magia es un poco como el teatro: el tú a tú, la experiencia a un metro de distancia. Eso yo creo que ninguna IA ni ningún androide lo puede llegar a hacer a día de hoy», sostuvo.
Su espectáculo 'Espectaculoso, la magia de lo imposible' apuesta por generar emociones y conexión con el público por encima del asombro técnico. Ha hecho magia de cerca a deportistas como Ilia Topuria, Marc Márquez y Marcelo, y asegura que los famosos le producen el mismo nervio que cualquier espectador: «Al final, son personas y el trato es el mismo».
Qué le queda por delante
A sus 36 años, con 30 años de práctica acumulada desde aquella caja de trucos que recibió como regalo de Primera Comunión, Magic Jano mantiene objetivos concretos: quiere un espectáculo estable en teatros, al estilo de El Mago Pop o Jorge Blass, y no descarta volver a invertir en negocios si la magia se acabara.
«Ya he empezado de cero una, dos, tres, cuatro veces. Si perdiera dinero o tuviera algún desastre con un negocio, creo que lo intentaría otra vez», dijo.
Y el consejo que le daría a aquel niño de 10 años resume su filosofía profesional completa: «Si te vas a dedicar a algo, por lo menos que te guste. Levantarte feliz por lo que haces no es lo mismo que trabajar en algo que no te gusta nada y que cada día sea como un suplicio».
