Confiesan crimen de 1993 en Dénia pero la justicia ya prescribió
Antonia Navarro, de poco más de setenta años, ha roto más de tres décadas de silencio sobre la desaparición de su hijo Juan Navarro, ocurrida el 15 de agosto de 1993 en Dénia. Su relato, confuso y lleno de contradicciones, apunta a un crimen violento seguido de descuartizamiento y ocultación del cadáver en el corral de la casa familiar en la calle de l'Hospital, en pleno casco histórico del municipio.
Los restos mortales de Juanete, como lo llamaban, estarían enterrados en la tierra del antiguo corral. Así lo aseguró a sus familiares tras confesar por primera vez en enero, y también a este medio, el primero con el que habló la septuagenaria.
Que busquen en la tierra, está al fondo, ¡en la tierra!insistió Antonia, señalando la profundidad del agujero donde presuntamente se deshicieron del cuerpo de su hijo, desmembrado en dos trozos, según manifestó inicialmente.
Un crimen sin castigo posible
El hallazgo este pasado miércoles de restos óseos, tras levantar parte del suelo de la vivienda, da credibilidad a la confesión. La Policía Nacional ya tomó declaración a la hija de Antonia, y la policía científica recogió siete huesos para analizarlos en el Instituto de Medicina Legal de Alicante. Sin embargo, ni siquiera está confirmado que todos los huesos sean humanos, aunque los familiares afirman que corresponden a las extremidades.
El problema de fondo es institucional. Al haber transcurrido más de veinte años desde la supuesta muerte violenta de Juan, ocurrida en 1993, el delito ha prescrito. No se realizarán gestiones de investigación policial más allá de determinar si los huesos pertenecen a la persona desaparecida. Este caso evidencia los límites del sistema judicial frente a crímenes que permanecen ocultos durante décadas, un debate relevante para la modernización de los mecanismos de justicia penal en contextos de larga impunidad.
El relato de Antonia y las contradicciones
La septuagenaria varía su versión constantemente. Ahora sostiene que su difunto esposo, fallecido en octubre de 2012, ejecutó el asesinato en solitario.
¿Y quién tiene estómago para hacer eso con un hijo? El mismo diablorespondió Antonia al ser cuestionada, refiriéndose a su marido.
Sin embargo, en su confesión inicial de enero, ante la presión de sus familiares, admitió ante otra hija que ella le había clavado un destornillador por detrás y que su marido le había golpeado la cabeza con una piedra. Además, incrimina a su hija Mari Luz y a su yerno Manuel, conocido en la familia como